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Anorgasmia femenina


¿Qué se entiende como anorgasmia en las mujeres?

En el libro que escribimos con el licenciado Rosenzvaig, Sexualidad en la pareja, citábamos varias preguntas de consultantes efectuadas a través de la radio o de correo de lectores, que son bastante características en este tipo de casos:

Yo siento, aunque no llego al orgasmo, pero aclaro que no soy frígida. ¿Es curable?

Perdí por completo el orgasmo, ¿puedo recuperarlo?

Hace 6 años que me separé y he reiniciado mi vida sexual con otro hombre, pero con él no termino. ¿Estoy perdida para siempre?

¿La frigidez es hereditaria?

No puedo terminar con mi actual pareja: él eyacula demasiado rápido, con otras parejas a mí no me pasaba y él me dice que con todas sus parejas anteriores ellas acababan con facilidad, ¿estaré con un problema psicológico?

¿La ausencia de orgasmo en la mujer se debe a alguna enfermedad orgánica?

Nunca puede llegar al terminar, a veces me ha parecido que lo tenía pero no estoy segura, ¿cómo puedo saber con certeza si lo consigo?

Por más que me esfuerzo no logro terminar con mi pareja y eso que él me estimula de distintas maneras

Estas preguntas son bastante características en nuestros consultorios. Y llama la atención que muchas mujeres se sienten desesperanzadas de poder lograr el orgasmo. Hay autores que prefieren hablar de mujeres preorgásmicas, por considerar que toda mujer, adecuadamente estimulada, es capaz de llegar a obtenerlo.
Dentro de las llamadas anorgásmicas podemos diferenciar aquellas que no logran excitarse ni lubricar bien - aunque tengan deseos de hacer el amor- de quienes aunque lubriquen (“mojarse”, en términos populares) y consigan altos picos de excitación, no logran el orgasmo. Los casos más frecuentes lo vemos en el segundo grupo.

¿Es correcto el término frigidez?

Si bien popularmente todavía se sigue usando el término de frigidez y muchas mujeres preguntan o concurren a la consulta para saber si son o no “frígidas”, podríamos decir que hoy la Sexología desglosa este cuadro en otros dos distintos: la mujer que tiene poco o ningún placer erótico ante la estimulación sexual y aquella que aunque puede excitarse en determinadas circunstancias no llega al orgasmo o lo logra con gran dificultad.
Hay que diferenciar también a la mujer que nunca ha experimentado placer erótico con nadie y en ninguna situación, de aquellas que han respondido en alguna ocasión a la estimulación adecuada y al placer sexual y dejan de responder sólo en situaciones específicas. Recuerdo a una paciente que refería lo siguiente: “con aquel muchacho me excité mucho y tuve un orgasmo brutal, pero... me asusté, pensé en que si seguía así me iba a volver loca, que me iba a descontrolar, ¿adónde llegaría por ese camino? ...”; posteriormente reprimió esta posibilidad orgásmica y sólo pudo volver a “sentir el clímax” -según sus palabras- luego de la terapia.

Los síntomas del primer grupo serían:

Falta de excitación

Ausencia de reacciones ante la estimulación sexual

No se lubrican vaginalmente

No obtienen placer

No hay erección de los pezones ni enrojecimiento de la piel ni aumento de la frecuencia cardíaca

No llegan al orgasmo

En el segundo grupo, que constituyen las anorgasmias más frecuentes vemos que:

Pueden excitarse y gozar

Hay lubricación vaginal

Hay reacciones genitales y extragenitales propias de la etapa de excitación

A pesar de que se excitan no llegan al orgasmo

¿Cuál es el orgasmo normal: el vaginal o el clitoridiano?

Cabría aclarar un par de cosas: por un lado, si bien el orgasmo es la culminación del placer erótico, algunas mujeres gozan de las relaciones sexuales aunque no puedan terminar; por otro, este tema tan debatido, particularmente desde Freud, que refiere a lo que se denomina orgasmo vaginal y lo que se llama orgasmo clitoridiano, reservando una presunta normalidad para el primero y lo patológico o inmaduro para el segundo. Hoy decimos que ambas situaciones son normales. El mal llamado orgasmo clitoridiano, que es aquel donde la mujer termina por estimulación directa y no por la penetración, ha dejado de ser una situación enferma y criticable, porque en definitiva el clítoris y los labios menores configuran una estructura especializada en la recepción de los estímulos placenteros.

A continuación transcribiré algunas otras preguntas del correo de lectores:

Quiero saber si es mal tener orgasmo clitoridiano en lugar del vaginal

¿Las mujeres que tienen orgasmo vaginal pueden tener orgasmos clitoridianos?

¿Cómo se puede detectar cuando una mujer tiene un orgasmo vaginal?

¿El orgasmo vaginal es sinónimo de madurez en las mujeres que lo sienten?

En mi pareja cuando mi compañero me estimula la zona del clítoris, ya sea con la boca o con la mano, logro con facilidad el orgasmo; pero esto no sucede así con la penetración, ¿es normal?

En primer lugar debo aclarar que la respuesta orgásmica es una sola, aun cuando los estímulos sexuales puedan recibirse a través de distintas zonas del cuerpo, o con la fantasía. Hay mujeres que tienen orgasmo por estimulación de los pezones -y a nadie se le ocurriría hablar de “orgasmo mamario”- , otras, por caricias en el Monte de Venus, o por estimulación en la zona anal. Están aquellas que constituyen el grueso de la población femenina (un 50% aproximadamente) que además de la penetración necesitan ser estimuladas en la zona del clítoris y de los labios menores. Sólo un 35% llega exclusivamente por penetración, con la salvedad de que siempre la estimulación directa o indirecta del clítoris participa de esta respuesta.


GRÁFICO 1
TOMADO DE LA DRA. HELEN KAPLAN


No experimentan el orgasmo de ninguna manera un 10% aproximadamente

No lo experimentan con un compañero determinado un 10 % aproximadamente

Lo experimentan mediante el coito además de “estimulación clitoridiana” aproximadamente un 50%

Llegan al orgasmo mediante el coito por penetración, sin “estimulación clitoridiana” adicional casi un 30%

Dicho de otra forma: en todo orgasmo femenino intervienen, en cuanto a la recepción de los estímulos, tanto la vagina como la zona clitoridiana, y en la faz de la respuesta motora siempre se dan contracciones vaginales, amén de las reacciones corporales extragenitales y las emocionales. Por lo tanto, los criterios emanados del psicoanálisis (aclarando que muchos psicoanalista abandonaron esta postura) sobre la supuesta madurez del orgasmo logrado por la penetración, ya no se pueden sostener. Se considera normal tener orgasmos, con independencia de la vía de estimulación y excitación a la que esa mujer y su pareja recurran.

¿Cuáles son las causas de la falta de orgasmo en la mujer?

Las causas de las disfunciones sexuales femeninas son de origen variado y múltiples factores pueden coexistir para producirlas. Aunque a veces se piense lo contrario, las causas físicas no suelen ser las más frecuentes. Claro que enfermedades neurológicas o metabólicas graves (problemas hormonales, hipotiroidismo, diabetes avanzadas), los tumores, las operaciones vividas como castratorias o mutilantes, pueden afectar la respuesta orgásmica, al igual que ciertos fármacos (narcóticos, antidepresivos y antipsicóticos, sedantes), pero lo más frecuente es ver la incidencia de factores situacionales como, por ejemplo, la estimulación inadecuada por parte del varón: las mujeres no siempre se excitan con el mismo estímulo, ni en el mismo lugar ni con la misma posición. Y, lo que es más digno de rescatar, no siempre se excitan y estimulan como el varón cree que ellas lo logran. Es el famoso yo creía que a ella le gustaba... Muchas veces una pareja en la cual la mujer no termina está encubriendo una relación deficiente y pobre.
Es cierto que la mayor parte de los antidepresivos (no todos) producen un retardo orgásmico (a veces disminuyendo el deseo sexual y la lubricación vaginal) pero esto tiene solución – lo que explicamos en otro artículo - y no por ello los pacientes de ambos sexos tienen que abandonar su tratamiento psicofarmacológico.

¿La mala comunicación puede ser una de las causas?

Por cierto que sí, una de las causas puede ser la escasa comunicación, ya que muchas personas creen que todo se tiene que dar espontáneamente y que nada hay que hablar sobre lo que a cada uno le pasa: esto puede ser lesivo para la sexualidad. Si alguien se entiende a la perfección sin hablar bienvenido sea, pero si no, ¿van a tener que quedar en silencio, penando por ello?
Es indudable que también tienen mucho que ver las actitudes machistas y un marco de represión familiar y educativa, en el que nunca se explica a los jóvenes ni a los adultos cómo es la respuesta sexual fisiológica.
También hay que destacar la incapacidad de ciertas mujeres de abandonarse a las sensaciones placenteras y estar pendientes de si van a terminar o no, de allí que muchas finjan el orgasmo, lo que les crea una situación muy tensionante y poco grata.

¿No es mejor fingir el orgasmo, antes que quedar mal frente a los varones?

Fingir los orgasmos condena a una mujer a seguir haciéndolo y a no poder gozar, ya que está más pendiente de la escena que tienen que dramatizar que de su propia entrega al placer orgásmico. Para ella es más importante que él se sienta varón por producirle el orgasmo que su propio goce. Podríamos decir que para poder empezar a tener la posibilidad de orgasmar - si cabe el neologismo- : hay que dejar atrás la actuación y los fingimientos.

¿Hay causas psicológicas concretas que produzcan estos problemas?

Habría que mencionar las causas psicológicas más profundas como:

Conflictos edípicos

Duelos de seres queridos

Fobias sociales y sexuales (fobia a la penetración, a los genitales)

Ataques de pánico

Antecedentes de abuso sexual o violación

Depresión

Esquizofrenias y enfermedades bipolares

Personalidades obsesivas

Muchos de estos problemas pueden haber sido gestados en la infancia pero otros son más actuales, o situacionales; sin olvidarnos las llamadas causas vinculares que se manifiestan en desavenencias serias en la relación de pareja. Por ejemplo: el estar con alguien que sea eyaculador precoz puede ser una de las causas de que esa mujer no sea orgásmica: ¡simplemente el varón no le da tiempo!

¿Existe el miedo a sentir el orgasmo?

Recuerdo una consulta de un oyente de mi programa “El jardín de las delicias” (FM Palermo, lunes de 23 a 24) cuando decía:

Mi novia tiene dificultades para llegar; arriba a un punto donde la tensión sube pero no puede seguir subiendo y se queda ahí. Entonces se asusta y se queda ahí y paramos de hacer el amor. ¿Cuál sería la solución?

Hay algo de cierto en lo que cuenta este joven de que su novia se asusta e inhibe el orgasmo. Una paciente refería que, después de su primera vivencia orgásmica, que fue muy intensa, tuvo una crisis de angustia, derivada de una educación familiar donde el placer era pecado pero donde, a la vez, se vivían situaciones promiscuas. A partir de allí no volvió a tener orgasmos y comenzó a fingirlos por temor a que sus compañeros la dejaran. Es interesante destacar que ella logró recuperarlo – me decía– por la masturbación. El círculo era perfecto: ella no le pedía a sus compañeros que la estimularan en forma adecuada por estar pendiente de darles el orgasmo; como consecuencia no podía integrarse a sus propias sensaciones placenteras. Como este caso hemos visto otros similares con miedos diversos –ante la posibilidad del orgasmo-, que transcribiremos con palabras de esas mujeres:

A caer en la prostitución

A descontrolarme

A volverme loca

A ser una perdida

A que mi pareja me vea como a una cualquiera

A orinarme

A entregarme demasiado y quedar esclava de ese varón

Por último, sin excluir otros temores (a ser dañada y lastimada por la penetración, a sentir dolor, a ser desgarradas), la Dra. Helen Kaplan hablaba del miedo al éxito, que desgraciadamente se ve mucho y en distintas áreas. Freud diría: son esas personas que fracasan al triunfar, los que fracasan con el éxito.

¿No será que a muchos varones les importa poco el placer de la mujer?

Obviamente, esos varones a los que no les importa si la mujer goza o no, que llegan a sostener incluso que el orgasmo en las mujeres no es tan importante (recuerdo uno de ellos que decía: “en la mujer terminar no es necesario porque ella tiene la descarga de la menstruación”!!), se centran en su propio placer genital: “con tal de que yo termine y ella emita un par de gemidos”, nos decía un conocido Don Juan.
Así esta situación se va perpetuando en el tiempo, impidiendo el goce de la mujer. La paciente que citaba antes, a partir de reconocer mejor sus zonas erógenas y de revalorizarse como persona, pudo comenzar a pedirle a su compañero una mejor y mayor estimulación. Esto muestra que el orgasmo nunca “se pierde” del todo y que si las condiciones son favorecedoras puede volver a experimentarse: no es cierto que una mujer “esté perdida para siempre”, ni que sea hereditario.
Hay varones que le imponen a la pareja la obligación del orgasmo y para colmo de la manera que ellos creen que es la mejor: usualmente con la penetración y él en posición superior. Es muy común la consulta de las parejas que me dicen, por ejemplo: “venimos porque mi mujer tiene anorgasmia vaginal, yo la penetro y ella no termina”, o “¿cómo es posible que ella no termine de esa manera?, todas las mujeres que conocí antes terminaban cuando las penetraba” (en esos momentos pienso: “¿cuántas habrán fingido sus orgasmos?”; no aceptan que pueda haber otras formas de estimulación más eficaces que “su gran falo erecto”. De esta manera, ambos van a cada encuentro sexual esperando que ella le conceda el beneficio del orgasmo logrado de una manera rutinaria y empobrecida. Este es otro tema que vale la pena destacar: el de la rutina, el acostumbramiento, la falta de variantes y el menosprecio o subestimación de otras formas de juego coital.

Un ejemplo clínico

Antes que nada quiero decir que, cuando se consignan casos clínicos, siempre doy datos cambiados para que nadie pueda reconocer de quienes se trata, salvo la identificación con la problemática.
Raúl y Silvia llevan ocho años de matrimonio y, a pesar de que tienen una buena relación de pareja en otros aspectos, el sexo se ha ido convirtiendo en una dificultad cada vez más seria, lo que los lleva a pedir consultas con dos terapeutas de pareja, sin encontrar solución. Él dice: “mi esposa no llega al orgasmo porque yo tengo eyaculación precoz; me pregunta a mí cómo es y no sé explicárselo”. Ella podía excitarse y tenía mucha lubricación pero, a pesar de los diferentes intentos, nunca llegaba al clímax por ningún tipo de estimulación. Raúl se ponía “tenso y nervioso” por esto y eyaculaba cada vez más precozmente, inclusive sin penetrarla.
En este caso se articulan varias situaciones que establecen una complementación negativa: ambos padecen una disfunción sexual y se sienten alternativamente culpables y responsables de la infelicidad sexual de la pareja y, en el caso citado, se daba esta crisis en un marco de amor y respeto mutuos. Se podría plantear cuál es el comienzo de esta problemática: ¿es la eyaculación precoz de Raúl que trae aparejada la anorgasmia de Silvia?, o ¿es la disfunción de ella que lo exige a él y le produce niveles de ansiedad cada vez mayores? Tal vez ellos, como en tantos otros, traían un bagaje previo de conflictos en el área sexual que se potenciaron mutuamente.

¿Cómo son los tratamientos de la anorgasmia femenina?

El eje central del tratamiento de las anorgasmias son las llamadas Terapias Sexuales, psicoterapias focalizadas, breves y de resolución sintomática. El objetivo principal de estos tratamientos es lograr que la mujer se entregue a la experiencia sexual sin temores ni culpa, cambiando el sistema sexual en la que se mueve. A nivel vivencial, la Terapia intenta crear un ambiente no exigente, relajado y sensual, que permita el natural transcurrir de su respuesta sexual. Se alienta a la pareja (a veces con ejercicios a realizar fuera del ámbito del consultorio) para lograr comunicarse abiertamente sus sensaciones y deseos y se prescriben tareas que ambos deberán realizar en su casa. Con esto se logra eliminar los obstáculos inmediatos que se oponen a un buen funcionamiento sexual.
Muchas veces me preguntan sobre el uso de los vibradores para aumentar el estímulo y para esto no hay una respuesta unívoca: hay mujeres y varones (especialmente estos) que lo rechazan y en otros casos he visto que recién con su uso pudieron llegar al orgasmo. La objeción habitual es que puede quedar adicta al vibrador y que va a reemplazar al compañero. Ninguno de estos casos se suelen dar en la práctica.

¿Estos tratamientos excluyen la psicoterapia?

Muy por el contrario suelen complementarse, justamente para resolver otros problemas más profundos y antiguos: conflictos de la infancia, escenas infantiles de abuso sexual, fobias, depresión, y trastornos de la personalidad, ameritan un abordaje múltiple; en estos casos se necesitan sumar esfuerzos para resolver el problema.
Es llamativo ver que algunos de los pacientes, de ambos sexos, que están bajo tratamiento sexológico, son derivados por sus mismos psicoterapeutas con quienes además trabajan sobre otras conflictivas.

¿Hay medicaciones para tratar las anorgasmias?

Si es un cuadro de fobia, depresión, esquizofrenia, o ataque de pánico, necesita ser medicada para controlar esas patologías.

Si hay un déficit en la lubricación vaginal, será necesario el uso de un lubricante íntimo con las siguientes características:

Que no sea maloliente

Que no irrite la vagina ni le cambie el PH (el grado de acidez) del medio

Que no abra los poros del profiláctico (por eso se desaconsejan la vaselina, lanolina o cremas que las contengan)

Que no manche

Actualmente se está investigando el uso del sildenafil, conocido como Viagra, ya que los cuerpos cavernosos del clítoris tienen una estructura similar a los del pene. Se piensa que este medicamento podría aumentar la sensibilidad y la vasocongestión vulvar y vaginal. Esto se encuentra en plena etapa de investigación pero nosotros hemos visto mujeres anorgásmicas que mejoraban su respuesta sexual con el uso de este medicamento usado con notable eficacia en la disfunción eréctil del varón.
Como conclusión diré que un gran porcentaje de las mujeres anorgásmicas se ven favorecidas por los modernos tratamientos sexológicos (breves, focalizados, económicos) obteniendo la posibilidad de llegar al clímax sin culpas ni inhibiciones, enriqueciendo su vida erótica y amorosa.


Causas
“El origen de los problemas orgásmicos de las mujeres no está tan bien comprendido como la mayoría de otras disfunciones sexuales”.
Para Juan Carlos Kusnetzoff, las causas más frecuentes de anorgasmia son: "1) un conflicto conyugal no del todo resuelto cuyos sedimentos reaparecen solapadamente en el instante de la entrega total; 2) una falla orgásmica accidental debida a cansancio, preocupaciones, desconcentración u otra causa inmediata, que instala una duda sobre la propia capacidad sexual e inhibe el desempeño ulterior; 3) la ingestión de medicamentos inhibitorios, en particular psicofármacos; 4) un estado, advertido o no, de depresión, estrés o problemas orgánicos”. Las causas de la anorgasmia se pueden dividir en factores biológicos u orgánicos por un lado, y factores psicosociales, por otro (en donde se incluirían factores del desarrollo, personales e interpersonales).

Factores orgánico-biológicos:

Para Masters, Johnson y Kolodny, la disfunción orgásmica se encuentra relacionada con factores orgánicos “en menos del 5% de los casos”, cifra que concuerda con los datos obtenidos por el CUAS. De acuerdo a la mayoría de los autores, esta porción de casos de anorgasmia se asociaría con trastornos circulatorios de la región pélvica y las condiciones que afectan los nervios de la misma (como la esclerosis múltiple, los tumores o traumas de la médula espinal, o la neuropatía diabética); sin embargo estos problemas no son muy frecuentes. Los factores ginecológicos que pueden conducir a disfunciones orgásmicas serían las anomalías anatómicas de la vagina, del útero o de las estructuras de soporte de la pelvis, así como también la vaginitis recurrente grave. Los trastornos endocrinos más comunes que causan dificultades orgásmicas son la diabetes y la deficiencia de estrógenos (carencia hormonal). Otras causas orgánicas incluyen las enfermedades graves crónicas, el alcoholismo, la adicción a narcóticos, además de muchas otras substancias o drogas empleadas en el tratamiento de la hipertensión y la depresión que pueden interferir en la respuesta sexual normal femenina. También se incluyen las infecciones, traumatismos o desgarros de origen quirúrgico. Sin embargo, para la American Psychiatric Association, “enfermedades crónicas como la diabetes o el cáncer pélvico suelen alterar fundamentalmente la fase de excitación sexual, pero mantienen intacta la capacidad para experimentar orgasmo”.[1]

De acuerdo a algunos investigadores, pareciera haber quedado establecido que en la mayoría de las mujeres el fortalecimiento de los músculos pubococcígeos aumenta la capacidad y la intensidad de los orgasmos. Sin embargo, y a pesar de las investigaciones de Kegel y sus partidarios, según Heiman y LoPiccolo el asunto no es sencillo ya que “diversos estudios han demostrado que no todas las mujeres que no alcanzan el orgasmo tienen debilitados estos músculos”[2]. En conclusión, las causas orgánicas o biológicas se reflejan en una porción muy pequeña de casos e, incluso, se ha llegado a dudar que dichos factores jueguen un papel gravitante en la imposibilidad orgásmica, si bien su influencia es más clara en trastornos de la excitación.

Factores psicosociales

“Los problemas emocionales, psicológicos, tienen una doble vía, como si fueran dos caras de una misma moneda. Por una parte, tienen estrecha relación con los vínculos, con las relaciones interpersonales establecidas durante mucho tiempo con nuestros familiares más cercanos y que se manifiestan claramente en las relaciones cotidianas con los compañeros, los maridos, los hijos”[3]. Una relación deficiente con los padres, una familia que traspasa a sus hijos una actitud negativa ante el sexo, falta de información, condiciones negativas culturales, una experiencia sexual traumática durante la infancia o adolescencia, una identidad sexual en conflicto, factores interpersonales, falta de concentración y angustia pueden predisponer al individuo para que, al alcanzar la madurez sexual y ser sexualmente activo, presente uno o más tipos de trastorno sexual.

El orgasmo puede ser inhibido por haber adquirido un significado simbólico, o porque su intensidad aterra a la mujer. “La ambivalencia de la paciente respecto a su compromiso de cara a la relación conyugal, el temor a ser abandonada, el temor a afirmar su independencia, el sentimiento de culpabilidad sexual y la hostilidad hacia su compañero pueden también jugar un papel en la formación de ese hipercontrol involuntario del reflejo orgásmico que, en último término, produce una disfunción orgásmica”[4].

Reibstein y Richards afirman que a pesar de la importancia de las madres en el cuidado de los niños, no se ha demostrado que la calidad de la relación de una hija con su madre afecte su desarrollo sexual. Por el contrario, el papel del padre está demostrado que es fundamental en este aspecto: “las mujeres que manifiestan haber tenido una magra relación con sus padres, o cuya relación se vio interrumpida durante la infancia porque el padre se ausentaba durante largos períodos a causa del trabajo o de un divorcio, son las más proclives a tener dificultades para alcanzar orgasmos”[5]. Sin embargo, las hijas que tienen recuerdos felices del padre durante la infancia se sienten más cómodas y menos ansiosas frente a los hombres que aquellas cuyas relaciones tempranas fueron tensas o se vieron interrumpidas. Por lo tanto, concluyen que una buena relación con el padre, contribuye al desarrollo de la sexualidad de la hija, y que en general una buena relación durante la niñez puede ayudar a construir la autoestima y la confianza que necesita para estar bien consigo misma y con su cuerpo.

Estos mismos autores afirman que la atmósfera general del hogar durante la niñez también parece jugar un papel importante: “las mujeres que informan que sus padres tuvieron un buen matrimonio y que el sexo no era un tema tabú en las conversaciones familiares, tienen más posibilidades de establecer buenas relaciones sexuales”[6] Por el contrario, también se han reportado casos en que la atmósfera reinante ha afectado negativamente la capacidad orgásmica. Una parte importante de mujeres anorgásmicas “ha percibido sus objetos masculinos sexuales, en particular el padre, como ausentes o inconstantes; también tenían más recuerdos infantiles con ideas de separación y pérdida que las mujeres que alcanzan el orgasmo con facilidad”[7]. Es indudable la importancia de la figura paterna en estos casos. No sólo la ausencia o lejanía del padre debe considerarse. El rol que éste ocupa en el hogar y la forma de relacionarse con la hija juegan un papel relevante. Un padre dominante “puede inhibir el orgasmo femenino inculcando remordimientos de fuerza considerable”[8]. Estos padres influyen con su imagen de protectores, prohiben la actividad sexual a sus hijas, les advierten los males que de ella derivan, insisten a sus hijas que vistan con recato y procuran ahuyentar a todos los jóvenes que muestran el menor indicio de interés erótico en ellas. “Al condenar la ‘obscenidad’, demuestran un interés excesivo por lo mismo que están tratando de superar. Prestar tanta atención al cuerpo de su hija equivale a estar obsesionado por la conciencia del mismo”.[9] Cuando estas mujeres logran tener una relación de pareja, no pueden desechar la vigilancia y censura del padre, lo cual les dificulta alcanzar el orgasmo.

En desacuerdo con Reibstein y Richards, Offit sostiene que “la presencia de la madre puede perpetuarse en la alcoba cuando hace ya mucho tiempo que se ha alejado de la mente de la mayoría de las hijas. Para encarnar el complejo de Edipo, o, como prefiero llamarlo, el complejo de Venus, por inducción materna, puede representar un papel con innumerables variaciones”[10]. La primera de dichas variaciones consiste en la madre que no disfrutó ni obtuvo placer con su sexualidad y se entregó a ésta en cumplimiento de un deber, como sacrificio, con un hombre débil de carácter. La imagen de dicha madre perseguirá a la hija como diciéndole “yo fracasé y tu también debes fracasar”[11], “me utilizó y me arrojó como un pañuelo desechable. No seas el pañuelo de ningún hombre”[12], o, “guárdate de los hombres, nadie lo hará por ti. Pide ayuda a Dios”[13]. Otra variación es la de aquellas madres que conocieron a un hombre o a muchos, y que consideran que su experiencia es insuperable para la hija, “su hija no debe tener más que ella ni hacerlo mejor. Haga lo que haga, nunca llegará a su grado de perfección. Así como Venus desterró a su hija Psique a una montaña solitaria porque esta se estaba haciendo muy bella e iba a conquistar el amor de Cupido, la madre agresivamente sexual intimida a su hija de igual forma”[14]. La causa general de los casos de frigidez, con sus diversos grados de intensidad, se encuentra en una educación de la niña en la cual se instala un vínculo asociativo entre las ideas de sexualidad y de peligro. Así, cuando es adulta no puede disociar ambos conceptos y ve la sexualidad como peligrosa, por lo cual le cuesta vivirla plenamente sin temores. No sorprende que la mujer tenga poco desarrollados sus aspectos libidinales e inhibida su capacidad de placer sexual, pues frecuentemente se ejerce sobre ella no una educación normativa tendiente a prepararla para su desarrollo sexual, su función de madre e integrarla adecuadamente a la pareja matrimonial, sino que, por lo contrario, desde muy niña sufre el peso de los tabúes que tanto el hombre como ella misma tienen acerca de la función sexual. Por lo común se la mantiene, durante el mayor tiempo posible, en la ignorancia acerca de sus funciones fisiológicas y, finalmente, cuando se le permite adquirir un conocimiento acerca de la sexualidad, se le hace vivir que, en su condición de mujer, esos aspectos son vergonzosos, peligrosos, degradantes; que debe ocultarlos lo más profundamente posible, pues ninguna mujer “decente” tiene semejantes deseos, pues conducen a una conducta reprobada por la sociedad. De este modo, se hipertrofian fantasías preexistentes y se afianzan conductas ambivalentes que no pueden integrarse.

De acuerdo con Masters, Johnson y Kolodny, en muchos casos de mujeres que nunca han tenido orgasmos (anorgasmia primaria) parece haber implicada una educación religiosa severamente negativa respecto del sexo. De acuerdo a los datos obtenidos por los autores, resalta el hecho de que un alto porcentaje (no especificado) de las mujeres que sufren de anorgasmia o disfunción orgásmica primaria fueron educadas con la idea de que la sexualidad y el sexo son cosas esencial e inherentemente malas y pecaminosas, sus genitales son a su vez algo sucio, y la masturbación es maligna, perversa y acarrea peligrosas consecuencias. Para los autores, este tipo de educación negativa respecto del sexo no se encuentra únicamente circunscrita o limitada a familias religiosas. No establecen una relación causal inevitable entre este tipo de educación con disfunciones sexuales, conflictos, o culpabilidad sexual en la vida adulta. No hay forma, dicen los autores, de establecer el porcentaje (que suponen alto) de mujeres que habiendo sido educadas en familias con esta visión negativa del sexo, han llevado una vida sexual plena y satisfactoria en la vida adulta. “Aunque la educación negativa respecto al sexo no predestina a los problemas sexuales de la edad adulta, tampoco facilita las cosas”[15].

Los casos de experiencias sexuales traumáticas, tanto físicas como psicológicas, se encuentran con frecuencia en los antecedentes de las personas que padecen algún tipo de trastorno en esta área. Este tipo de experiencia traumática puede provocar miedo al enfrentarse a una interrelación sexual, en otros casos puede que la mujer reaccione evitando cualquier tipo de contacto íntimo o desencadenar un sentimiento de culpa posterior a un acercamiento sexual.

Según Reibstein y Richards, es importante para alcanzar una plena satisfacción sexual en la mujer la cantidad de experiencias sexuales positivas que han tenido con o sin compañero. “Las mujeres que tuvieron una o más relaciones sexuales satisfactorias antes del matrimonio, y en particular aquellas que comenzaron a masturbarse antes o en las primeras etapas del matrimonio, pueden experimentar orgasmos regulares con su esposo”[16]. Esto sugiere que las mujeres necesitan experiencias positivas para aprender a tener orgasmos regulares. Necesitan oportunidades para aprender a ser sexuales.

Según Kusnetzoff, al igual que en otros aspectos de la sexualidad femenina, la desinformación, las creencias erróneas, los prejuicios religiosos, escolares y familiares, han hecho estragos en la capacidad orgásmica de la mujer. “Hoy sabemos que no hay ninguna razón para que una mujer que enfrenta sin problemas las dos primeras etapas de la Respuesta Sexual no pueda obtener uno o más orgasmos durante una relación. El primer fantasma que la mujer debe ahuyentar es el temor a ser tildada de ‘frígida’; ello la lleva a poner toda su voluntad en alcanzar el orgasmo, con lo cual se impide a sí misma el indispensable abandono a las sensaciones gozosas, o bien a simular el clímax para satisfacer a su compañero y evitar el supuesto ridículo. Cualquiera de estas dos actitudes la dejarán frustrada e insatisfecha, e iniciarán un círculo vicioso muy difícil de romper”[17].

Afirma que muchas mujeres se sienten presionadas y fingen tener orgasmo. “Algunas piensan -porque lo han oído alguna vez, o han sido educadas así- que los varones abandonan a las compañeras que no alcanzan el orgasmo, o por lo menos las agreden o humillan”[18]. Para este autor, son dos los factores que siguen liderando la lista de las causas de este problema: la ignorancia y la culpa o vergüenza. De más está decir que ambos factores tienen en común el origen: la educación recibida, la cultura donde esta educación se dio, el medio y el conjunto de creencias que pululaban en él. Existen miedos de carácter personal que pueden bloquear la respuesta sexual. Entre éstos se encuentran: miedo al embarazo, a contraer una enfermedad venérea, miedo a que la excitación sea tal que se pierda el control, miedo a que la relación sexual resulte dolorosa, miedo a la intimidad o incluso miedo al éxito.

Son muchas las parejas que presentan alguna molestia o irregularidad de tipo sexual. Gran porcentaje de adultos solteros encuentra dificultades en el momento de encontrar una pareja “compatible” en el ámbito sexual. Se quejan de que sus experiencias sexuales les producen más agobio que placer y que en ocasiones su respuesta sexual sufre inhibiciones y frustraciones, lo cual aumenta la ansiedad y disminuye el goce.

Dentro de las anomalías sexuales más comunes que limitan el placer sexual se encuentran: “las inhibiciones y el sentimiento de culpa, la ansiedad ante el desempeño sexual, la inapetencia erótica y la aceptación no razonada de los tópicos o la información errónea sobre la sexualidad humana”[19]. Factores como la falta de información acerca de ciertos tópicos sexuales, o la aceptación irracional de mitos culturales, pueden desempeñar un papel de gran importancia en lo que se refiere a las disfunciones sexuales. En el caso de la anorgasmia, el simple hecho de no conocer la ubicación del clítoris, o los diferentes tiempos de excitación, entre otros, pueden estar al trasfondo de la disfunción.

Hoy en día existe mayor franqueza al abordar los temas relacionados con la sexualidad, sin embargo, siguen existiendo inhibiciones. Éstas y los sentimientos de culpa continúan dándose en un alto grado, afectando la vida sexual de los que las presentan. Las inhibiciones surgen desde distintos ámbitos. Pueden surgir de religiones o creencias que establezcan una visión de la sexualidad como algo pecaminoso y sólo destinado para la procreación, por lo cual el realizar el acto sexual con fines de placer es algo que genera mucha culpa y que es visto como un acto penado. También pueden surgir inhibiciones en las personas que presentan inseguridad con respecto a sus atractivos físicos, lo cual se ve acrecentado en la cultura actual que bombardea por los medios de comunicación un ideal de prototipo estético casi perfecto. Por otro lado hay una verdadera obsesión en nuestra sociedad por los atractivos físicos de los sujetos. De este modo los hombres y mujeres que no cumplen con este patrón perfeccionista de atributos físicos, tienden a juzgarse con gran severidad en lo relacionado a su atractivo erótico, sienten que son poco deseables por el sexo opuesto y a veces esta inseguridad es perceptible en su comportamiento sexual mostrándose con inhibiciones y vergüenza frente a su cuerpo. Así, del mismo modo que el hombre se subestima al creer que tiene un pene muy pequeño, lo que le acarrea inseguridad y a proceder sexualmente con dubitaciones, así también la mujer que considera que su cuerpo no es atractivo y que es poco deseable, tiende a retraerse ante las situaciones eróticas, lo cual disminuye su goce.

Masters, Johnson y Kolodny afirman que “los problemas de imagen son otra causa común de la disfunción orgásmica primaria, aunque éstos parecen ser menos problemáticos en las mujeres que tienen orgasmos en otras actividades sexuales con un compañero (anorgasmia secundaria). Por otra parte, es frecuente encontrarse con que las mujeres que tienen orgasmos durante la masturbación solitaria pero no con un compañero, se sienten perturbadas por cuestiones de atractivo personal y propia valía sexual, y al mismo tiempo tienen conflictos respecto de la relación en sí”[20].

Es necesario aclarar que no todas las inhibiciones o sentimientos de culpa impiden un adecuado desempeño sexual, sin embargo lo común es que reduzcan de forma notable las posibilidades de disfrute erótico. A su vez, la inhibición puede presentarse en sujetos que padecen una ansiedad prematura sobre la calidad de prestación sexual que van a efectuar. Esta ansia patológica de rendir como es debido termina por desviar la atención del individuo y bloquear el fluir espontáneo de las sensaciones y emociones al momento de realizar algún tipo de acto sexual. Esta ansiedad no se traduce sólo en dificultades en el ámbito orgánico sino que se extiende a la totalidad de la respuesta del individuo, es decir no hay una pasión, ternura, intimidad ni sensibilidad al momento de compartir con su pareja. Esto se debe a que el individuo al darse cuenta que está ansioso, se obsesiona de tal manera con su ansiedad, trata de controlarla y al no poder hacerlo se pone aún más ansioso hasta participar en menor grado de la interacción sexual y por ende disfrutar muy poco. Cuando la persona ansiosa se esfuerza por mostrarse espontánea y receptiva, termina concentrándose en todos los pormenores del juego erótico provocando una verdadera disección del acto de tal forma que resulta prácticamente imposible disfrutarlo. Sin embargo, en ciertas ocasiones la ansiedad no inhibe el incentivo sexual o incluso lo estimula aún más (por ejemplo realizar el coito en lugares prohibidos), pero cuando la ansiedad transforma su participación en el acto sexual en un constante cuestionamiento acerca de si su ejecución es o no la adecuada, sin lugar a dudas se produce un bloqueo de la respuesta erótica.

En ocasiones el temor a no desempeñarse en la interacción sexual de la forma adecuada, lleva a evitar cualquier tipo de contacto sexual o a disminuir abruptamente su frecuencia. Esto hace que en ocasiones la pareja interprete en forma errónea la situación y se sienta rechazada o piense que se le es infiel. Indudablemente esto repercute en la relación y ésta puede volverse muy problemática. La apatía sexual también acarrea grandes inhibiciones. Ha sido muy discutido si una larga convivencia acarrea necesariamente, en un mayor o menor grado, una reducción del erotismo. En el caso de las mujeres, no se quejan mayormente de hastío de su vida sexual, lo cual es explicado por sus expectativas más realistas con relación a ésta. En cambio, su queja es mayor en relación con la falta de intimidad y comunicación. A pesar de varios factores que contribuyen a la falta de respuesta orgásmica femenina, “la causa más inmediata de la ausencia de orgasmo es notablemente uniforme en mujeres que tienen una fase de excitación sexual normal: presiones de actuación y las ansiedades que éstas producen”[21].

Offit en su libro “El yo sexual” hace un estudio sobre la anorgasmia femenina y su relación con los rasgos de personalidad. Comienza con las mujeres dependientes, afirmando que cuando una mujer excesivamente dependiente no puede alcanzar el orgasmo, las razones son claras: “no puede hacer nada por ella misma… si se diera satisfacción, caería en el abandono”[22]. En la adolescencia, la mayoría de las mujeres suelen explorar sus propios genitales, descubriendo sus singulares dones; mientras que las mujeres dependientes pasivas no hacen ninguna tentativa, pues confían que todas las recompensas les serán concedidas. “Cuando una mujer inhibe el orgasmo porque teme cargar con demasiada responsabilidad, ser demasiado dominante o entrar en excesiva competición con su madre, masturbarse hasta el orgasmo parece ser un acto definitivo y terrible de autocontrol e independencia. Sin la plenitud del elogio, la aprobación o cuando menos la aceptación tácita del hombre, la existencia parece vacía, no hay vida sin un hombre que guíe sus pasos. Se supone que los hombres cargan con todas las responsabilidades. El orgasmo sin el hombre o no causado por el hombre, parece una obscenidad solitaria, una depreciación. A su vez, el temor a desempeñar un papel ‘masculino’ puede inhibir los orgasmos autoprovocados y los experimentados con otros. Este temor empieza a manifestarse bastante pronto en la vida de una mujer, y cobra alas en la adolescencia, cuando la muchacha empieza a fracasar para que sus compañeros la protejan y se sientan superiores a ella”[23]. Respecto a las mujeres agresivo-pasivas, Offit señala que se dañan a sí mismas y a los demás más por lo que no hacen que por lo que realizan activamente. “Al masturbarse, se excitan hasta un punto determinado, y luego se cortan”[24]. No pueden llegar al orgasmo, aunque estén muy cerca de él. Esto se interpreta como un deseo de frustrar por inacción lo que el mundo espera de ellas, lo cual se aplica en las relaciones sexuales al permitir que el hombre las lleve hasta el grado más alto de excitación y luego interrumpiéndose con igual resolución, frustrando a su pareja.

Es común que las mujeres cuyos padres les planteaban exigencias tiránicas, imponiendo su voluntad o cercenando la de su hija, se vuelvan agresivo-pasivas. Esta mujer, para defenderse contra la idea de que alguien, algún mecanismo o incluso su propio cuerpo pueda adueñarse de ella misma, “impide la descarga orgásmica mediante un espectacular acto de voluntad, una afirmación del yo que está basada, como todas las defensas, en la necesidad de orgullo y dignidad humanos”[25]. Luchan por ser dueñas de sí mismas a toda costa, aún prescindiendo de su propia satisfacción.

Las mujeres agresivas, a su vez, compiten constantemente, aún contra sí mismas. Su principal objetivo es lograr la superioridad y el control: “Si estuvieran satisfechas, los hombres pensarían que habían realizado un buen trabajo. Muchas no se permiten ni un solo orgasmo”[26]. Pueden temer el orgasmo porque al sentirse satisfechas verán mermado el control que ejercen sobre sus compañeros. “No tendrán orgasmos ni formularán elogios sexuales por las mismas razones que un jefe autoritario se guarda de fomentar la confianza en sí mismo de sus empleados”[27]. La explicación de la autora, es que esto se genera en una dinámica familiar donde los padres son aparentemente encantadores, y el papel de la hija es el de vivir todas sus fantasías hostiles, haciendo lo que ellos quisieron hacer y no pudieron, y ganándose de esa manera su respeto y aprobación.

En el caso de la mujer esquizoide, a quien la intimidad trae recuerdos sumamente dolorosos de empobrecimiento emocional, “el orgasmo supone a menudo la autoaniquilación” [28], puesto que aparte de la pérdida de fuerza y control, puede significar una pérdida total de identidad. Teme quedar vacía, perder su sustancia, “el hombre le arrebatará el placer, y la mujer privada del esqueleto del yo, del armazón de la personalidad, va a desaparecer”[29]. Otra es la situación de las mujeres con muy baja autoestima, las cuales interrumpen el orgasmo por no sentirse identificadas con sus compañeros: “todas las relaciones interpersonales, aun las más sexuales, para funcionar bien requieren cierta capacidad de sentir como la otra persona, comprenderla e identificarse con ella”[30]. Por lo tanto, la mujer que no logra identificarse no puede advertir que gusta a un hombre, su autoestima es insuficiente. Para poder creer que el hombre siente placer durante el acto sexual se requiere tener una opinión elevada de sí misma, o al menos estable, mientras que estas mujeres, presas de sus propias inferioridades, inhiben la descarga orgásmica. Este es el caso de las mujeres que tuvieron madres muy críticas y padres que las rechazaban, puesto que no pueden superar el trauma de un padre totalmente desinteresado. Estas mujeres se hallan reducidas a una búsqueda perpetua del afecto que nunca han tenido, quedan atrapadas en su infancia vacía. No pueden madurar para brindar al prójimo el don de su propia sexualidad, no pueden tener un orgasmo completo.

Las mujeres compulsivas anorgásmicas suelen ser personas muy apegadas. Pueden estar obsesionadas por el sexo, haciendo mil tentativas y fracasando siempre, o pueden desviar su obsesión hacia otro tema. La motivación más fuerte del compulsivo es la de tener el control, no tanto de los demás como de sí mismo. Para satisfacer la necesidad de control del cuerpo, las mujeres compulsivas suelen ser adictas a la masturbación solitaria para lograr el orgasmo, puesto que siendo una conducta privada que escapa a toda vigilancia, proporciona una sensación de dominio. Y, lo que es más importante, la mujer capaz de satisfacerse a sí misma no necesita depender de otro, puede escoger el momento y el lugar, se siente libre. Por otro lado, algunas creen que deben abstenerse, si esto es posible, de cualquier acción corporal no sujeta totalmente a la voluntad, como es el caso del orgasmo que constituye un espasmo involuntario. Controlar, con las riendas de la obsesión firmemente sujetas, todos los posibles aspectos de la vida, ha constituido el único camino para conseguir el autodominio que respetaba su familia. No puede perder el control en ningún momento y no puede exponerse a la posibilidad de que un hombre la domine o a confiar en sus cuidados, cualquier cosa que haga será fruto de su propia voluntad.

Las mujeres histriónicas, a su vez, “generalmente carecen de confianza sexual aunque tengan cierta capacidad de respuesta. Pueden comportarse como si no sintieran la menor duda sobre sí mismas, sin embargo, llegado el momento del contacto íntimo pueden sentir una frialdad repentina”[31]. La histriónica realiza un doble juego: se viste provocativamente, se comporta seductora y estimulante; pero, a la vez, evita los encuentros sexuales abiertos. “El orgasmo, o incluso la mera excitación, representa para muchas histriónicas una pérdida potencial de armamento emocional. Adquirir unos lazos emocionales, aunque sean temporales, con el riesgo consiguiente de pérdida, constituye el principal peligro”[32].

La mujer parece ser más sensible que el hombre en todo lo concerniente al amor y a la sexualidad, por lo cual no es raro que elabore numerosas fantasías inconscientes en torno a las funciones sexuales. La vida sexual exige un aprendizaje de la pareja como unidad. La falta o la torpeza de uno de los cónyuges en la ejecución del acto sexual puede enfermar a la pareja, y por lo tanto hacer que ésta, y no sólo uno de los cónyuges, deba ser tratada. En este caso, lo que se requiere es una gran comunicación acerca de lo que le agrada y le desagrada a cada uno, una educación mutua, una adaptación de ambos cónyuges para la integración y obtención del logro sexual como pareja más que individualmente.

La mayoría de las veces que una mujer consulta por problemas de intensidad del deseo o porque se cree ‘frígida’, el problema radica en el escaso tiempo dedicado a ella en los ‘juegos amorosos previos’. Hay hombres que suelen atribuir su rapidez a una supuesta eyaculación precoz, cuando en realidad lo que la mujer desea es alargar los acercamientos preliminares. “Hay efectivamente un problema de tiempos pero de tiempos preparatorios, y no de duración de un pene erecto dentro de la vagina”[33]. Muchas veces la pareja no comunica sus necesidades, por lo cual resulta casi imposible que se pongan de acuerdo con respecto a los tiempos requeridos por cada miembro. Según Joseph LoPiccolo, el rol del esposo (o pareja masculina) como un efectivo y no-demandante compañero sexual para la mujer es, obviamente, crucial en la disfunción orgásmica, especialmente en la disfunción secundaria. En un sentido, puede ser argumentado que si una mujer puede obtener orgasmo a través de la masturbación, pero no alcanzarlo con su pareja, él sería el disfuncional. Esto se relaciona con la vieja máxima: “No existen las mujeres frígidas, sólo los hombres torpes”. En muchos casos, esto es verdad: la respuesta sexual femenina es enteramente normal, pero su pareja es sexualmente inepto. El principio de la responsabilidad mutua, sin embargo, apunta a que algunas mujeres han fallado en el entrenamiento a su pareja para que sean un amante efectivo para ellas. Esto sugiere una revisión de dicho adagio: “Existen las mujeres frígidas y los hombres torpes, y generalmente se casan entre ellos”.

Una pareja que no posea una comunicación eficiente no sólo en el tema relacionado con la sexualidad, sino en todos los aspectos de la vida tanto personal, de los hijos, de la relación misma, determinan que dentro de la pareja se vayan fortaleciendo una serie de hostilidades que repercuten en todos los ámbitos, incluyendo el sexual. Asimismo, las luchas de poder dentro de la pareja o la desconfianza pueden traspasarse al ámbito sexual, cayendo en una relación más bien insana que podría conllevar a una disfunción. También contribuyen a la creación de un clima no propicio para el pleno disfrute de la sexualidad, los antagonismos en los esquemas de valores o una gran diferencia en cuanto a las preferencias sexuales. Es necesario dejar en claro que estos factores pueden no relacionarse con disfunciones sexuales, sin embargo no pueden dejar de mencionarse en el momento de hablar de éstas.

Palabras Finales

A pesar de que recientemente están surgiendo encuestas acerca de la conducta sexual de los chilenos y de la satisfacción de éstos y éstas, la magnitud real de las disfunciones sexuales es algo que permanecerá en el velo del misterio ante la imposibilidad de lograr, ya sea una inducción perfecta o un censo sexual sin distorsiones.No obstante lo anterior, así como el término impotencia era una carga adicional al padecimiento subjetivo de los hombres con problemas erectivos; asimismo el término frigidez estigmatizaba de frías a mujeres con deseo sexual inhibido, así como con anorgasmia o inhibición orgásmica femenina, tratándose de dos sintomatologías completamente distintas (aunque en ocasiones se confunden al darse simultáneas o al conducir la una a la otra).

Siendo más grave la estigmatización en las mujeres con problemas orgásmicos, ya que éstas sienten deseo sexual y fallan en la fase de orgasmo de la respuesta sexual, por lo tanto no se trata de mujeres "frías" ante la sexualidad. El problema está, sin duda, al centrar los esfuerzos en cuantificar y clasificar la presencia de la disfunciones sexuales o en valorar mecánicamente la felicidad de las personas de acuerdo al número de orgasmos por relación, antes que valorar la sensación subjetiva. Es así, como muchas mujeres se ven arrastradas por sus pares o amistades a tener que fingir orgasmos de magnitudes cinematográficas. Cargan por dentro el calvario de no gozar y de creerse secretamente frías.
     
   
Retraso o ausencia persistente o recurrente del orgasmo después de una fase de excitación normal en la actividad sexual, considerada como adecuada en su foco, intensidad y duración.

Retraso o ausencia persistente o recurrente del orgasmo después de una fase de excitación normal en la actividad sexual, considerada como adecuada en su foco, intensidad y duración.


La mayor parte de las pacientes presentan un trastorno de la excitación sexual y el orgasmo; en este caso, el diagnóstico no es de trastorno orgásmico. Éste sólo se diagnostica cuando existe una dificultad leve o ausente en la excitación.

El trastorno orgásmico puede ser permanente o adquirido, general o situacional. Aproximadamente un 10% de las mujeres nunca alcanza un orgasmo independientemente de la estimulación o la situación. La mayoría de las mujeres pueden alcanzar el orgasmo con la estimulación del clítoris, pero cerca del 50% llegan al mismo de forma regular durante el coito. Cuando una mujer responde a la estimulación del clítoris no coital pero no puede alcanzar el orgasmo durante el coito, se requiere una exploración sexológica, en ocasiones con un ensayo psicoterapéutico (individual o de pareja) para juzgar si la incapacidad para el orgasmo coital es una variación normalde la respuesta o si es debida a psicopatología individual o interpersonal.Una vez que la mujer aprende a alcanzar el orgasmo, generalmente no pierde esta capacidad a menos que exista una pobre comunicación sexual, un conflicto en la relación, una experiencia traumática, una alteración del ánimo o un trastorno físico.

ETIOLOGÍA

La etiología puede relacionarse con el desconocimiento de la propia anatomía y función genital, particularmente de la función del clítoris, y de la eficacia de la estimulación y las técnicas del compañero sexual. Este desconocimiento y la ansiedad se refuerzan mutuamente; la ansiedad engendra desconocimiento y éste aumenta la ansiedad. Es frecuente la asociación del sexo con inmoralidad y del placer sexual con culpabilidad. El miedo a la intimidad puede ser también un factor significativo.

ver causas de disfunciones sexuales

Si el trastorno sigue a un período de funcionamiento sexual normal, debe considerarse la naturaleza de la relación actual. La causa suele ser un conflicto marital y falta de armonía. La depresión puede ser una de las causas y las situaciones estresantes de la vida pueden contribuir.

     
   


ANORGASMIA
La anorgasmia es una de las disfunciones sexuales más frecuentes en las mujeres. Y aunque existen varias tipologías, la más habitual suele ser la anorgasmia coital, que hace referencia a la imposibilidad de alcanzar el orgasmo mediante la penetración vaginal.


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Desde el punto de vista fisiológico, el coito es un procedimiento relativamente ineficaz para producir el orgasmo femenino. Por eso, muchas mujeres necesitan una estimulación complementaria, como la frotación del clítoris, para poder alcanzar el orgasmo.

El hecho de que algunas personas piensen que los “verdaderos” orgasmos son fruto del contacto del pene con la vagina es un error que lleva a la falta de estimulación suficiente para que la mujer logre el orgasmo.

Además, debido a que aún persiste la idea de que la única relación sexual adecuada es el coito, es normal que todas aquellas mujeres que no alcancen el orgasmo a través de la penetración presenten problemas de anorgasmia. Aunque en este caso, un simple cambio en sus conductas sexuales sería suficiente para superar este trastorno.

Clítoris: el gran olvidado
La estimulación vaginal suele contribuir muy poco a la hora de desencadenar el reflejo orgásmico. Por lo tanto, la estimulación del clítoris puede ser crucial para que la mujer alcance el orgasmo.

La intensidad de la estimulación del clítoris varía notablemente según el tipo de actividad sexual. Así, mediante la manipulación táctil directa del clítoris o la presión suave sobre este se alcanza una estimulación más intensa; mientras que el coito solo logra una estimulación clitorídea suave, que no suele ser suficiente para provocar el orgasmo.

Asimismo, hay que tener en cuenta que la cantidad de estimulación necesaria para provocar el orgasmo femenino varía considerablemente no solo en función de cada mujer, sino también dependiendo de las circunstancias.

Tratamiento de la anorgasmia
El tratamiento de las disfunciones orgásmicas debe ser individualizado y adaptado a cada caso en particular. En los casos de anorgasmia primaria, en los que la mujer no ha logrado nunca tener un orgasmo, el objetivo principal es ayudar a eliminar la obsesión por conseguirlo.

Una de las estrategias más utilizadas y efectivas es la autoestimulación. Además, como la pareja no participa en las primeras ocasiones, la mujer no siente la presión de su demanda y puede dedicarse a sí misma. Una vez alcanzados los primeros orgasmos, el tratamiento se centra en que la mujer logre el orgasmo en las relaciones con su pareja.

En los casos de anorgasmia secundaria, en los que las mujeres han dejado de alcanzar orgasmos en sus relaciones sexuales, se buscan las causas en tres áreas distintas: trastornos orgánicos (enfermedades, medicamentos, traumatismos, etc.), trastornos psicológicos (ansiedad, depresión, etc.) y problemas con la pareja.

Viagra también para ellas
La famosa pastilla azul logra un efecto físico notable en los hombres, gracias a la dilatación de los vasos sanguíneos, que aumenta el riego de sangre en los genitales. Pero en el caso de las mujeres “el cerebro juega un papel más importante”, tal como explica el doctor John Stevenson, del Royal Brompton and Harefield británico, a la revista Nature. Para las mujeres el estímulo físico no es suficiente para alcanzar el orgasmo si no existe el deseo.

A partir de estas premisas, unos investigadores de la Universidad de Concordia (Montreal) probaron los efectos de un fármaco denominado PT-141 en el cerebro de 60 hembras de rata. Los resultados fueron más que satisfactorios, ya que los roedores tratados con el fármaco mostraron un mayor interés por los machos y realizaron ciertos cambios posturales para facilitar el acto sexual.

Pero, a pesar del éxito de las investigaciones, todavía ha de pasar mucho tiempo para que salga al mercado la primera Viagra femenina.


Alba de Dios Solana





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Hasta hace poco tiempo socialmente se consideraba que en el hombre tener orgasmos era una necesidad física, mientras que en la mujer era un lujo. Suponemos que era un criterio basado únicamente en función de la fertilidad. Hoy debemos señalar que el fracaso continuado en alcanzar el orgasmo puede ejercer consecuencias nocivas en la mujer, tanto biológicas como psicológicas.

Efectos biológicos

Algunos ginecólogos atribuyen el síndrome de congestión pélvica crónica a la frecuencia con la que estas mujeres experimentan una situación sexual sin alcanzar la etapa de resolución (ver disfunciones sexuales), y por lo tanto sin haber descargado sus impulsos orgásmicos.

Efectos psicológicos

El fracaso repetido por parte de la mujer en alcanzar el clímax producen, lógicamente, sentimientos de frustración. Estos sentimientos de fracaso, tanto de ella como de él, pueden ejercer un efecto destructor sobre las relaciones de la pareja.

Asimismo queremos señalar que la disfunción orgásmica es muy frecuente en la población femenina, según estudios epidemiológicos realizados en diversas investigaciones. Probablemente es debido a que la mujer es mucho mas susceptible a ciertos determinantes psicológicos y educacionales, y en muchas ocasiones, seguramente debido a influencias culturales, este hecho se oculta y se padece en silencio.

Por lo tanto, a pesar de que la mujer puede a veces participar en el sexo sin responder de una manera activa y el hombre puede llegar al orgasmo aunque ella se quede en la fase de la meseta, es muy perjudicial para las relaciones de la pareja que esta circunstancia se produzca de forma habitual. De ahí precisamente que les recomendemos realizar una terapia que solucione este problema.

¿A qué se debe?

La etiología de esta problemática puede deberse a diversos factores tanto fisiológicos como psicológicos. Así por ejemplo una estimulación inadecuada no provoca la excitación que se pretendía conseguir. Pensemos que hay una gran variabilidad respecto al tipo exacto de estimulación a la que responde cada mujer.

Una comunicación insuficiente puede hacer pensar a la mujer que el hombre se comporta de forma “egoísta”, mientras que por el contrario él está cayendo en el error de juzgar el estado de excitación de su mujer sobre la base de sus propios sentimientos y la mujer, en lugar de expresar sus propias necesidades se las calla. La mujer puede pensar que si ella sabe en que punto se encuentra él del acto sexual, supone que también él sabe el punto en que se encuentra ella, pero es que ella cuenta con su erección como guía, y él carece de esta guía. Así que es necesaria una comunicación suficiente.

Una educación sexual inadecuada, en muchos casos represiva, supone un impedimento para el abandono sexual de la mujer. Un abandono a los sentimientos eróticos y liberar la respuesta sexual del rígido control consciente que bloquea su libre expresión es requisito previo para un buen funcionamiento sexual.

Terapia

En primer lugar analizamos la situación particular de la mujer, tanto desde las influencias biológicas, como de las psicológicas que puedan estar afectando a la disfunción (el tipo de relación que mantiene, su educación sexual, sus vivencias, etc.) para posteriormente planificar una intervención científica y rigurosa, con unos ejercicio adecuados, mediante la cual podemos ayudaros a solucionar esta disfunción.

Cuando nuestro cuerpo enferma, siempre es consecuencia de “algo”. La relación causa–efecto funciona siempre. No hay fenómeno en la naturaleza que no sea el resultado de alguna circunstancia que previamente ha sido motivo de que aquello ocurriera.
En el trato humano pasa lo mismo. Nuestra conducta conduce a que posteriormente tengamos que soportar o disfrutar, las consecuencias de lo que hemos sembrado con nuestras acciones. Una buena educación hace de un hijo un ser sociable y responsable. Otro criado en el abandono y la desidia conducirá a que sea un delincuente.
Nuestra sexualidad es tan compleja y reúne en sí un cúmulo tan diverso y enorme de circunstancias que a veces nos perdemos al buscar en ella causas y efectos. No es solamente un ingeniosísimo entramado de automatismos que se disparan por efectos biológicos, espirituales, hormonales, ambientales, educativos, fisiológicos y un largo etcétera, sino que por su complejidad llegamos a veces de eludir buscar motivos para encontrar justificación de los múltiples fenómenos que acompañan nuestras reacciones eróticas.
Si hemos de creer a los evolucionistas que afirman que no somos sino meros animales que adquirieron paso a paso todas las actuales características psicológicas e intelectuales, tendríamos que llegar a la conclusión, que con todo ello hemos adquirido también las anomalías que nos preocupan a nosotros y no inquietan a los animales.
El sexo, para los seres irracionales, es un impulso generado por sus hormonas que les condiciona hasta la desesperación, concentra todas sus fuerzas en lograr el apareamiento y luchan hasta la muerte por conseguirlo.
En el humano pasa algo parecido pero filtrado por las costumbres y la educación. El problema llega cuando estas últimas se toman la prerrogativa de considerarse las únicas poseedoras de la verdad y arrinconan el sexo como algo inmundo que ha de pasar por su tamiz aceptando sólo lo imprescindible para que la especie se pueda perpetuar.
Y ahí empiezan los problemas.
Si acostumbras a un niño a que considere inmunda la carne de cerdo, no sólo la despreciará de mayor sino que sentirá un asco y una gran repugnancia tan solo oír hablar de ella. Y todo porque hubo una época en que la triquinosis, esa terrible y mortal enfermedad propagada por ese animal, hacía estragos en la humanidad. ¿Solución? No fue prohibir su consumo, que hubiera resultado inútil, sino hacer creer que comerla es un pecado gravísimo contra Dios.
Es lo que ha ocurrido hasta ahora con la sexualidad. Se ha estado acostumbrando a los niños de ambos sexos a que piensen que descubrir sus puntos erógenos, desarrollar su sexualidad encauzando su evolución en el respeto hacia la intimidad de cada uno, enseñándoles como es la anatomía de ambos sexos, era malo y pernicioso, no sólo para su salud física sino para la de su alma, ya que se perdían irremisiblemente en el infierno.
Los profesionales de la sexología, cada día nos encontramos con problemas cuyo origen es el lavado de cerebro de una educación que fue absurda. El más frecuente de todos es el de la frigidez en la mujer. Si desde pequeñas se les vendan las ideas (recordemos lo que se hacía antiguamente con los pies de las niñas chinas, que eran vendados fuertemente para mantenerlos pequeños y acababan siendo un diminuto muñón), también el cerebro queda dañado si constreñimos su desarrollo.
En los internados de monjas, hasta hace muy poco tiempo, se obligaba a las niñas a bañarse con un camisón para que sus manos no rozaran la piel de su cuerpo al lavarse.
Afortunadamente todo eso pasó a la historia. Hoy una niña ya ha aprendido como es su constitución anatómica, incluso en las partes más íntimas. Ha descubierto la sensibilidad de sus puntos erógenos y ha experimentado el placer al acariciarlos. Esta niña desarrollará una sexualidad sana si se le enseña y no se le oculta, como ha de reconducirla, cuales son sus peligros y cual es el respeto que se debe a sí misma y a los demás.

Antes se ocultaba y se prohibía, hoy se enseña y se educa. Esta niña, será muy pronto una mujer que sabrá disfrutar completamente de su sexualidad y no se sentirá bloqueada por prejuicios, actuando libre y conscientemente, y sabiendo administrar sus deseos con inteligencia y prudencia.
Los pocos padres y colegios (que todavía quedan) que mantienen las antiguas maneras de oscurantismo sexual, lo que consiguen es generar mujeres frígidas, incapaces de sentir placer y castradas en su característica más femenina.
Y cuando nos llega a la consulta alguien en estas condiciones, tenemos que desarrollar un tratamiento que reconduzca todo lo equivocado de aquella educación y partiendo de cero, sensibilizar todos los puntos bloqueados y las sensaciones no afloradas en su momento. Una labor difícil, aunque no imposible, considerando que hay que despertar en un cuerpo de mujer lo que obligaron a quedar dormido de niña.

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